La voz del experto. ¿Cómo medir el empoderamiento de la mujer?

Autor: Alex Armand, Navarra Center for International Development

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Los Objetivos de Desarrolloalexarmand Sostenible aprobados por las Naciones Unidas subrayan la importancia del empoderamiento de la mujer y marcan un objetivo ambicioso: lograr la igualdad entre los géneros y aumentar el poder de todas las mujeres y las niñas (objetivo 5).

Si nos fijamos en las metas que subyacen bajo este propósito podemos encontrar otros más generales, como poner fin a todas las formas de discriminación contra la mujer, y algunos más específicos, como emprender reformas que otorguen a las mujeres el derecho a los recursos económicos en condiciones de igualdad. Si bien estos objetivos están, sin duda, en el punto de mira de todos los países, no queda claro cómo van a establecerse y medirse.

El concepto de empoderamiento es multidimensional y muy poco comprendido. En concreto, como los hogares siguen siendo un entorno desconocido para el mundo exterior, el papel de las mujeres dentro de ellos y su participación en las decisiones familiares no solo siguen sin estar claros, sino que también son difíciles de cuantificar. Por otra parte, si aspiramos a que los géneros controlen los recursos por igual, el punto de partida debe ser la familia.

Cuando se identifica a una mujer como partícipe de numerosas decisiones, se asume que es una mujer empoderada.

En las últimas décadas, el problema de cómo medir el empoderamiento de la mujer se ha abordado fundamentalmente a través de encuestas. Muchos de estos sondeos en países en desarrollo incluyen preguntas destinadas a medir el papel de las mujeres y su participación en la dinámica del hogar y, en particular, en la toma de decisiones. Un test típico pide a los encuestados identificar qué miembro de la familia está a cargo de ciertas decisiones, como por ejemplo quién decide sobre lo que se gasta en diferentes bienes, o si los niños tienen que ir a la escuela o no. Cuando se identifica a una mujer como partícipe de numerosas decisiones, se asume que es una mujer empoderada.

Sin embargo, llegar a conclusiones basándose en estas medidas puede llevar a error. En primer lugar, en muchos conjuntos de datos se observa una variación muy limitada, lo que sugiere la incapacidad de las preguntas autorreportadas de capturar la naturaleza real del empoderamiento. De hecho, no podemos basarnos en un pequeño conjunto de decisiones predeterminadas para reflejar el gran número de decisiones que se toman en un hogar.

En segundo lugar, las respuestas podrían reflejar el empoderamiento per se, lo que lleva a encontrarse, por ejemplo, más mujeres que dan cuenta de su participación por encima o por debajo de como es en realidad, debido a factores como las normas sociales.

La medición del empoderamiento de la mujer es particularmente relevante si nos centramos en el diseño de políticas. Desde finales de la década de los 90, los programas de transferencias de dinero destinadas a mujeres se han convertido en una herramienta política típica para el empoderamiento femenino en los países en vías de desarrollo, al permitir que las mujeres aumenten su control sobre los recursos del hogar.

De hecho, un gran número de programas sociales que apoyan los ingresos domésticos a través de las transferencias de dinero seleccionan a las mujeres del hogar como receptoras de las ayudas. Aunque el principal argumento a favor de estas políticas es promover la igualdad de género y la autonomía de las mujeres, la mayor parte de la investigación relacionada se ha centrado en el cambio de comportamiento individual y del hogar, más que en medir el impacto en las medidas para favorecer el empoderamiento.

 ¿Estos programas han empoderado realmente a las mujeres y estamos fallando en la medición?

El programa social mexicano PROGRESA/Oportunidades (renombrado como Prospera) es un claro ejemplo. Se trata de un programa de asistencia social del Gobierno para paliar la pobreza proporcionando transferencias de dinero a familias de bajo ingresos bajo alguna condición concreta, como invertir esos recursos en la educación de los hijos e hijas y someterse a revisiones de salud y apoyo nutricional.

La evaluación del programa incluye varias preguntas sobre la participación de la mujer en las decisiones del hogar. Si bien muchos estudios encuentran que en realidad los resultados de los hogares no cambian de una manera sustancial, el programa no parece haber tenido un efecto en lo que respecta a la medición del empoderamiento. La cuestión central es, por tanto, ¿estos programas han empoderado realmente a las mujeres y estamos fallando en la medición?

Las mujeres están menos dispuestas a sacrificar los ingresos familiares para adquirir poder cuando han recibido previamente una transferencia

Esto abre un espacio para maneras nuevas e innovadoras de medir el empoderamiento. Junto con otros investigadores de la University College de Londres y el Instituto de Estudios Económicos Internacionales en Estocolmo, hemos propuesto una medida cuantitativa alternativa que mida el empoderamiento de la mujer dentro del hogar. Se basa en la observación de las decisiones de las mujeres en un laboratorio y se centra en comprender en qué medida una mujer estaría dispuesta a pagar cuando se le ofrece una transferencia a su hogar para que pueda disponer de ella, en lugar de que sea su marido quien reciba el dinero.

Las mujeres seleccionadas para participar en el experimento fueron sometidas a una serie de opciones en las podían elegir una cantidad para ellas u otra (generalmente mayor) para su cónyuge. Para incentivar a las participantes, al final del experimento una de las opciones se seleccionó al azar y fue retribuida de acuerdo con la decisión tomada por la participante.

Hemos puesto en marcha este experimento entre las mujeres que viven en hogares pobres en Macedonia y los resultados son sorprendentes.

Las mujeres no solo están dispuestas a sacrificar una parte de los ingresos familiares para recibir el dinero y aumentar su poder sobre los recursos, sino que también están menos dispuestas a sacrificar los ingresos familiares para adquirir poder cuando han recibido previamente una transferencia de dinero. No obstante, incluso en este caso, las preguntas autorreportadas sobre empoderamiento no ponen de manifiesto ningún efecto.

Si nuestro objetivo es el empoderamiento como un objetivo de desarrollo, tenemos que promover este tipo de experimentos científicos en torno a la medición de los indicadores directos de empoderamiento. Si nos centramos en los indicadores agregados o en las respuestas autorreportadas, fallaremos en reflejar la verdadera naturaleza del empoderamiento, que reside dentro de los hogares.

Diferentes donantes internacionales han hecho de la cuestión de género una prioridad en sus programas de ayuda al desarrollo, pero aún estamos lejos de comprender perfectamente cómo dirigir estos recursos. La justicia social y la igualdad social de la mujer no sólo son importantes para la generación actual, sino también para el empoderamiento de las generaciones futuras. Al final, un empoderamiento real solo puede comenzar desde la infancia.

 

ONE GOAL FOR WOMEN, BUT HOW CAN WE MEASURE IT?

Author: Alex Armand, Navarra Center for International Development

The Sustainable Development Goals, recently approved by the United Nations, highlight the importance of women’s empowerment for the Post 2015 Development Agenda and set an ambitious goal: achieving gender equality and empower all women and girls.

If we look into the list of objectives under this umbrella, we can find some more general, such as ending all forms of discrimination against women, and some more specific, such as undertaking reforms to give women equal right to economic resources. While these aims are without a doubt central for all countries in the world, it remains unclear how these specific targets will be set and measured.

The concept of empowerment is multi-dimensional and still very little understood. In particular, since households remain a black box for the external world, the role of women within dwellings’ walls and their participation in family decisions remain not only unclear, but also absolutely difficult to quantify. Furthermore, if we aim at equalizing the control of resources across gender the starting point must be the family.

If a woman were identified as participating in many decisions, she would have been assumed as an empowered woman

In the past few decades, this issue of measuring female empowerment has been addressed mainly through survey questions. Many surveys in developing countries have included batteries of questions aimed at measuring the role of women in their participation to household dynamics, and particularly in decision-making. A typical set of questions asks respondents to identify which family member is in charge of certain decisions, such as who decides about expenditures on different goods, or on whether the children have to attend school.

If a woman were identified as participating in many decisions, she would have been assumed as an empowered woman. However, reaching conclusions based on these measures can be misleading. Firstly, in many datasets, very limited variation is observed suggesting the inability of self-reported questions to capture the real nature of empowerment. In fact, we cannot rely on a small set of pre-determined decisions to capture the large number of choices that a household is making.

Secondly, answers might reflect empowerment per-se, having, for example, more empowered women over- or down-reporting their real participation in response to, for example, social norms.

The issue of measuring empowerment is particularly central if we focus on policymaking. Since the end of the 1990s, women-targeted cash transfers became a typical policy tool to target female empowerment in developing countries by allowing women to increase their control of household resources.

As a matter of fact a large number of social programs supporting household income with cash transfers select a woman in the household to be the recipient of this payment. Although the primary argument in support of these policies is to promote gender equality and empower women, most of the related research has been focusing on household and individual change of behavior, rather than measuring the impact on empowerment measures.

Have these programs actually empowered women and we are failing at measuring it?

The Mexican program PROGRESA/Oportunidades (now relabeled as Prospera) is one clear example. It is a government welfare program aimed at targeting poverty by providing cash transfers to poor families if they complain to a certain behavior, such as having children attending school regularly and attend health checks and nutrition support.The evaluation of the program included several questions on self-reported participation of women in household decisions.

While many studies find that it did shift household outcomes in a substantive fashion, the program did not seem to have had an effect on these measures of empowerment. The central question is therefore whether these programs have actually empowered women and we are failing at measuring it?

Women are less willing to sacrifice household income to gain power when they have been previously empowered by a cash transfer

This opens space for new and innovative ways to measure empowerment. Together with other researchers at the University College London and the Institute for International Economic Studies in Stockholm, we proposed an alternative quantitative measure of women’s empowerment within the household. This measure is based on observing women’s choices in a lab setting and focuses on understanding how much a woman would be willing to pay when offered a transfer to her household in order to keep it for herself rather than having her husband receiving it.

The women selected to participate in the experiment were subject to a sequence of choices where they can either choose an amount for themselves or an amount (usually larger) for their spouse. To incentivize the respondent, at the end of the experiment, one of the choices was randomly selected and paid according to the decision made by the participant.

We implemented this experiment among women living in poor households in Macedonia and the results are surprising.

Women are not only willing to sacrifice some household income to receive the money and gain more power over resources, but also that they are less willing to sacrifice household income to gain power when they have been previously empowered by a gender-targeted cash transfer. Nonetheless, even in this case, self-reported questions of empowerment cannot highlight any effect.

If we aim at targeting empowerment as a development goal, we need to encourage these types of experimentations around measurement of direct indicators of empowerment. Focusing on aggregate indicators or self-reported answers is failing at capturing the real nature of empowerment, which resides within homes.

Different international donors have made gender mainstreaming a priority in their development assistance programs, but we are still far away from a perfect understanding on how to direct these resources. Social justice and social equality of women is not only an important for the current generation, but also for the empowerment of future generations.

In the end, real empowerment can only start from children.

 

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