‘Sí, señor, entiendo, ¿pero en qué cree?’ El dilema de identidad del profesor de religión

Daniel Moulin-Stozek, investigador del proyecto ‘Religión y sociedad civil’ y de ‘Investigar y promover la educación del carácter en las escuelas de secundaria en Latinoamérica’

Originally published in English in DANIEL’S BLOG

Uno de los logros de la educación en religión en Gran Bretaña es la creación de un enfoque, un currículum y un personal que, en principio, no promueve una denominación cristiana ni ninguna otra perspectiva religiosa sobre otra. Este compromiso británico tiene sus raíces en la era Victoriana que, posiblemente, se remonta a la aparición de la tolerancia religiosa y el liberalismo político en el siglo XVII, o incluso al propio asentamiento religioso Isabelino.

Durante la pasada década, –en lo que puede ser considerado en el futuro como la edad de oro de colaboración con Europa continental– el modelo británico se exportó por su asumida virtud de promover la tolerancia religiosa y el respeto en una democracia plural. Esta colaboración estuvo marcada por varios acuerdos transnacionales coordinados por cuerpos seculares (como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa).

Mientras tanto, en suelo inglés se gestaba lentamente un bien desarrollado debate sobre cómo tal aproximación religiosa aconfesional era posible (o no), proporcionando amplio material para varias teorías y filosofías. La dicotomía de ‘aprender sobre’ religión, como contraposición a ‘aprender’ la religión es una forma aconfesional duradera que se ha conceptualizado. Ortos han argumentado que la educación es, por definición, confesional y, por tanto, la no-confesionalidad es imposible, o que la presentación de un equilibrio entre las perspectivas en el aula es posible, pero hace al profesor caminar por la cuerda floja.

La piedra angular del enfoque británico es que los profesores no deben adoctrinar o empujar a la opinión religiosa en los estudiantes. Este mandato legalmente vinculante crea algunas dificultades prácticas así como enigmas conceptuales. Todas las personas tienen una biografía que se ubicará dentro o fuera de una posición dada sobre la religión –en un sentido general o en relación cualquier cuestión particular sobre religión. El dilema sigue siendo qué debe hacer el profesor con estas posiciones en la clase, incluso si se pueden ocultar. Un estudio a pequeña escala llevado a cabo en Gran Bretaña muestra que el posicionamiento puede suponer un reto para los profesores de religión con una opinión formada en un área política y culturalmente polémica.

Los profesores no pueden evitar ser potenciales modelos a seguir que adoptan un punto de vista particular

Terence Copley argumentaba que hay una necesidad de equilibrar la representación auténtica de las religiones con la debida sensibilidad hacia las perspectivas y la autonomía de los demás y con la autoconciencia de la posición personal del profesor. Sin embargo, el deseo del estudiante de conocer las creencias de su profesor no solo está motivada por preocupaciones de equidad o curiosidad sobre la persona del profesor. Puede surgir de una estrategia razonable de tratar con las preguntas existenciales: identificarse con el conjunto de la comunidad, modelos a seguir y aquellas personas con autoridad cuando se presentan elecciones difíciles sobre cómo pensar.

Una forma útil de analizar estos problemas es aplicando la teoría de la identidad desde una perspectiva construccionista social. En resumen, el construccionismo social afirma que la realidad social se crea a través de interacciones, así como nuestras ideas sobre quiénes somos y las de los demás. La construcción de la identidad es el proceso de entenderse a uno mismo, o buscar ser reconocido o representarse a uno mismo de un modo particular en un contexto social dado.

Por tanto, la construcción de la identidad religiosa puede considerarse como la identificación con elementos de una tradición religiosa, su rechazo, su integración total o parcial, o la presentación de elementos de esa tradición religiosa (o lazos con miembros de esa tradición) junto al punto de vista de un individuo, su estilo de vida, creencias, prácticas, acciones. La investigación sugiere que este es un proceso dinámico y en marcha en las escuelas de secundaria.

Mientras que algunos profesionales hablan sobre ser aconfesional, la teoría de la construcción de la identidad sugiere que la identidad el profesor puede tener un alto impacto en los estudiantes. Las identidades religiosas se crean a través de un proceso de identificación cultural, coincidencia con la identidad y socialización de acuerdo con los valores y prácticas de los hogares y comunidades de los estudiantes. Mientras que los estudiantes tienden a encontrar modelos de conducta dentro y fuera del colegio, la afinidad con los adultos es fundamental para el proceso de construcción de la identidad. De este modo, las acciones y perspectivas del profesor pueden influir sobre las posiciones de los estudiantes, ya que los profesores no pueden evitar ser potenciales modelos a seguir que adoptan un punto de vista particular, incluso si es ambivalente.

Así que, ¿dónde nos deja esto? ¿Qué debe hacer el profesor cuando se le pregunta sobre su punto de vista en una cuestión religiosa? Un juicio sensible puede ser el recurso más importante. Porque mientras que un profesor debe ser honesto, también debe ser fiel a su papel como profesor de religión dentro de un contexto institucional particular.

En el caso de la educación religiosa (y legislación) en Gran Bretaña, no se asume que los profesores sean árbitros de la las verdaderas afirmaciones sobre religión. Más bien, se encuentran entre y dentro de las grandes tradiciones religiosas representadas en las Islas británicas, que son en su mayoría cristianas. Esta posición, aunque no es neutral en cuanto a la religión, es muy amplia y puede concebirse como un marco más amplio en el que los docentes puedan actuar con un cuidado prudente e imparcial para respetar las posiciones religiosas de sus estudiantes y comunidades a las que sirve. (Sin embargo, puede argumentarse que esta posición no es posible sin adoptar un tipo de antagonismo práctico).

Para tratar apropiadamente los dilemas de identidad inevitables las clases de religión de contextos diversos, los profesores deben ser conscientes de la complejidad de las posiciones religiosas y los procesos sociales que las sustentan y desarrollan. Por supuesto, esto es un gran reto para profesores que se encuentran en una sociedad radicalmente plural donde, junto con tradiciones minoritarias, mucha gente tiene relaciones dinámicas y matizadas con la religión –así, se multiplican el número de posiciones con las que el profesor tiene que negociarse a sí mismo y debe reconocer en los demás.

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