La voz del experto. Educar para el bien

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Autor: Marvin Berkowitz, codirector del Centro para el Carácter y la Ciudadanía en la Universidad de Missouri-St. Louis (EE. UU). Ponente invitado del proyecto ‘Investigar y promover la educación del carácter en escuelas de secundaria de Latinoamérica’ de la Universidad de Navarra

Una gran lección de la Historia es que la bondad humana está en el corazón de la mayoría de los asuntos humanos de gran importancia, como la religión, la política, la vida familiar, el comercio, la ley y la guerra. Sabemos por muchas fuentes que la bondad humana es variable y maleable; es decir, que hay un amplio rango entre la maldad y la santidad y que la gente puede cambiar y cambia. En su libro El camino de carácter, David Brooks se centra en la transformación adulta del carácter desde el egoísmo hacia el altruismo a través de la crisis vital, algo de lo que hay constancia a través de la Historia en mentes ilustres como san Ignacio de Loyola.

Todos los años realizo un viaje a Singapur para proporcionar actualización profesional a su Ministerio de Educación. Una de las razones por las que sobrellevo un viaje tan extenuante –literalmente alrededor del mundo- es que me impresiona realmente que no solo el Ministerio de Educación, sino toda la nación desde que se fundó hace cincuenta años, han reconocido este reto fundamental y han actuado con efectividad para convertirlo en una prioridad y una realidad en su sistema educativo.

Han comprendido desde el principio que su principal recurso son los ciudadanos y que deben invertir en ellos, especialmente cultivando el buen carácter. Esta filosofía es un modelo que todas las naciones deberían seguir.

Educación del carácter: tendencia a querer y ser capaz de hacer el bien

Soy un psicólogo del desarrollo.  Mi enfoque ha sido comprender cómo los niños y los adolescentes desarrollan el carácter moral. En los primeros estadios de mi carrera, me centraba en cómo desarrollaban la capacidad para razonar con efectividad sobre cuestiones morales, pero durante las dos últimas décadas he ampliado mi campo a todo el carácter moral  y a formas de propiciar su desarrollo óptimo.

Tanto los términos como las definiciones son muy confusos. Los primeros cambian a lo largo del tiempo y de la geografía. Solo en EE. UU., he trabajado en las cuatro últimas décadas con los términos educación moral, educación en valores, educación del carácter, educación para la ciudadanía, educación pro-social y educación democrática. Y muchos otros se han utilizado y se usan ahora. Probablemente nunca habrá un consenso, de modo que no me preocupa cómo se denomine mientras se refiera al desarrollo de la tendencia de un individuo a querer y ser capaz de hacer el bien. Esa es mi definición práctica del carácter.

Otra distinción relevante es entre diferentes dominios del carácter,  a saber, moral, desempeño, intelectual y cívico, en otras palabras, bondad, efectividad, inteligencia y ciudadanía. Todos son importantes y hay un solapamiento hasta cierto punto. El carácter moral es el más crítico y una guía para los demás. En palabras del antiguo presidente de EE. UU. Theodore Roosvelt: “Educar la mente de una persona y no su moral es educar una amenaza para la sociedad”.

¿Qué pueden hacer las escuelas para promover el desarrollo del carácter?

He intentado reducirlo a cinco elementos nucleares que crean el acrónimo PRIME. En primer lugar, el carácter debe ser una auténtica
Prioridad
en los colegios. Debe guiar el camino en la retórica y en la práctica y ser una partida prioritaria en la asignación de los recursos. Tiene que ser una cuestión de primera línea para quienes lideran la escuela.

En segundo lugar, los colegios deben promover Relaciones positivas de manera estratégica e intencional entre todos los grupos de la escuela (administradores, profesores, personal de apoyo, estudiantes, padres…).

Marvin Berkowitz durante su charla para el proyecto Investigar y promover la educación del carácter en escuelas de secundaria de Latinoamérica’

Tercero, hay que dirigirse de forma efectiva hacia la internalización de valores éticos fundamentales a través de la motivación Intrínseca. Esto significa que se deben evitar elementos motivadores extrínsecos como premios, recompensas y ceremonias de reconocimiento público, y que hay que centrarse en encarnar el buen carácter –dar ejemplo- y las alabanzas en privado.

Cuarto, todos los adultos del entorno escolar deben ser Modelo de lo que quieren ver en sus estudiantes.

Y quinto, se debe dar voz y capacidad de decisión a todos los colectivos de la escuela (Empoderamiento). Los estudiantes necesitan tener una voz auténtica y los administradores, allanar la estructura de gobierno, especialmente en lo que respecta a su personal. Pocos colegios hacen esto y menos aún lo hacen bien.

 ¿Qué puedes hacer tú? Implicarte en los colegios de tu entorno y presentarte voluntario para formar parte de su comité directivo de educación del carácter. Lee sobre el tema y aprende sobre la práctica de educación del carácter. Pregúntate “¿de qué modo los colegios de mis hijos o mis colegios locales están priorizando el carácter, promoviendo relaciones, impulsando la internacionalización de valores, encarnando el buen carácter y empoderando a todos los colectivos para ser coautores y copropietarios de este viaje humano fundamental hacia la bondad?”.

The Expert’s voice: Educating for Good

Author: Marvin Berkowitz, Co-Director of the Center for Character and Citizenship at the University of Missouri-St. Louis. Invited lecturer at the project Researching and Promoting Character Education in Latin America Secondary Schools at the University of Navarra

A great lesson of history is that human goodness is at the core of most significant human affairs, including in religion, politics, family life, commerce, law, and war.  We know from many sources that human goodness is both variable and malleable; that is, there is a broad range from evil to saintliness, and that people can and do change.  David Brooks, in his book “The road to character,” focuses on the adult transformation of character from selfishness to altruism through life crisis, something chronicled throughout history including luminaries such as Saint Ignatius of Loyola.  In other words, finding good people is far less a matter of harvesting nature, and much more a matter of nurturing potential goodness in people.

This is essentially an eternal human question.  How can we socialize each subsequent generation to shepherd the society we bequeath to them?  I have just returned from my annual trip to Singapore to provide professional development for their Ministry of Education.  One reason I endure a grueling trip literally around the world each year is that I am so impressed with how not only the Singapore Ministry of Education, but in fact the entire nation since its inception 50 years ago, have both recognized this fundamental challenge and acted effectively to make it a priority and a reality in their educational system.

They have understood from the outset that their primary resource is their citizens and they must invest in them, especially in nurturing good character.  This philosophy is a model all nations should follow.

Character education: tendency to want to and be able to do the good

I am a developmental psychologist.  My focus has been understanding how children and adolescents develop moral character.  For the first part of my career, I focused on how they developed the capacity to reason effectively about moral issues, but for the past two decades I have broadened the scope to all of moral character (more about that in a moment), and to ways to nurture its optimal development.

Both the terms and definitions are very confusing.  The terms change across time and geography.  Just in the US I have worked over the past four decades under the terms moral education, values education, character education, citizenship education, pro-social education, and democratic education.  And many other terms have been and are now used.  There will likely never be a consensus, so I do not care which term is used as long as it refers to the development of an individual’s tendency to want to and be able to do the good.  That is my working definition of character.

Another important distinction is between different domains of character, namely moral, performance, intellectual and civic, in other words goodness, effectiveness, intelligence, and citizenship.  All are important and there is some overlap.  But moral character is the most critical and is the compass for all the others.  That is what I mainly focus on here.  In the words of former US President Theodore Roosevelt, “to educate a person in mind and not in morals is to educate a menace to society.”

So what can schools do to foster character development?

I have tried to boil it down to five core elements, which, in English, create the acronym of PRIME.  First, character must be an authentic Priority in schools.  It should lead the way both rhetorically and in practice and should be given priority in resource allocation.  It must be a front burner issue for the top school leadership.

Second, schools must strategically and intentionally nurture positive Relationships, and do so between all stakeholders in the school (administrators, teachers, support staff, students, parents, etc.).

Marvin Berkowitz during his lecture at the project Researching and Promoting Character Education in Latin America Secondary Schools

Third, it must effectively lead to the Internalization of core ethical values through Intrinsic motivation.  This means it must avoid extrinsic motivators like prizes, rewards and public recognition ceremonies and focus instead on embodying good character and private praise.

Fourth, all adults in the school must Model what they want to see in students.

Fifth, voice and choice must be Empowered in all stakeholders.  Students need authentic voice and administrators need to flatten the governance structure of schools, especially with the staff.  Few schools do all this, and even fewer do all well.

So what can you do? Get involved with your local schools and volunteer to be part of a character education steering committee.  Read about this and learn about good character education practice.  And ask yourself “how are my children’s schools, or my local schools, doing in prioritizing character, promoting relationships, fostering the internalization of values, modeling good character, and empowering all stakeholders to be co-authors and co-owners of this fundamental human journey to goodness?”

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