¿Es posible la convivencia de culturas e identidades en un mismo territorio?

Elena Beltrán

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Diversos acontecimientos en la Europa reciente parecen mostrar que la convivencia de culturas, lenguas, identidades y tradiciones distintas en un mismo territorio es cada vez más complicado. Pero, ¿es posible? Investigadores del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) responden a esta pregunta desde distintas perspectivas.

“La convivencia no se da entre culturas sino entre personas”

“Hay muchos ejemplos de convivencia pacífica entre culturas distintas; de hecho, la convivencia no se da entre culturas, sino entre personas”, sostiene Ana Marta González, coordinadora científica del ICS e investigadora principal del proyecto ‘Cultura emocional e identidad’. Para ella, la clave está en que grupos distintos “tienen puntos de contacto e hibridaciones”. Considera que sería un error “petrificar las culturas como si fueran entidades intocables a las que las personas se subordinan”; por lo tanto es habitual que cambien, que se mezclen.

González explica que “el mundo está globalizado, con culturas dominantes y otras amenazadas, por la misma dinámica de un progreso que no hemos sabido domesticar, civilizar”. En la situación actual propone que seamos bilingües: “Competentes a escala global y también local, porque sin nuestras tradiciones y costumbres estaríamos desarraigados. Pero a la vez necesitamos acceso a circuitos de progreso”.

“La convivencia no es posible si hay mucho resentimiento. La solución es imaginar un proyecto común que se ha perdido de vista”

“Hay grupos con visiones muy distintas de su futuro, destino, valores… pero logran vivir en paz”, indica David Thunder, investigador Ramón y Cajal del proyecto ‘Religión y sociedad civil’. Y menciona el caso de Irlanda del Norte, donde católicos y protestantes han aprendido a convivir.

Thunder apostilla que una historia de violencia reciente entre grupos dificulta la convivencia: “Hay mucho resentimiento y no ha pasado tiempo. La vía de solución es el perdón, volver a imaginar un proyecto común que se ha perdido de vista”. En esa línea, añade que es necesario “modelar la situación conflictiva, que alguien repiense la convivencia como si fuera un prototipo, que rompa el esquema de que las culturas no se pueden mezclar”.

Asegura que las condiciones para que la convivencia pacífica sea posible dependen de las particularidades de cada situación, pero subraya que es necesario que “exista voluntad política por ambas partes, que permita conseguir a las dos valores como la mejora económica, social, seguridad y desarrollo cultural y social”.

“Investigaciones recientes señalan que hay muchas más diferencias dentro de un mismo grupo que entre culturas diferentes”

Joseph Gomes, investigador del Navarra Center for International Development (NCID), recuerda que ciudades como San Francisco, Los Ángeles y Nueva York son algunos de los entornos más diversos del mundo y también se encuentran entre los más productivos.

“Aunque creemos que las diferencias culturales entre los grupos pueden ser difíciles de superar, investigaciones recientes han resaltado que hay muchas más diferencias dentro de un mismo grupo”, enfatiza.

Apuntando a los resultados de una investigación que ha realizado en África, menciona que es cierto que un territorio plurilingüe puede albergar problemas, como “en qué idioma deberían enseñar las escuelas, cuál es la lengua oficial, problemas de racismo y prejuicios, inestabilidad política, desventajas para algunos grupos…”. En concreto, su estudio reveló que “los hijos de individuos que utilizan un idioma diferente de sus vecinos tienen peores resultados de salud, ya que no les llega la información relacionada con ella”. No obstante, reconoce que es posible cambiarlo, ya que se puede trabajar para detectar áreas de mejora sobre las que actuar.

Pero no todo son desventajas en un entorno en el que conviven diferentes lenguas. Entre los puntos positivos, remarca la pluralidad de habilidades, ideas, experiencias y perspectivas. “Podría beneficiar a la economía, las artes, las ciencias… Interactuar con personas diferentes puede ser enriquecedor incluso en el nivel más básico”, expresa.

Como paradigma de esperanza, recuerda que en Ruanda se redujeron los prejuicios étnicos existentes a través de las radionovelas. “Si un país con una historia de genocidio tan dolorosa y reciente muestra que el prejuicio étnico no está escrito en la piedra, siempre es posible el cambio en la dirección positiva”, proclama.

¿Quieres conocer proyectos del ICS relacionados con este tema?

 

Can cultures and identities coexist in the same region?

Various recent events in Europe seem to show that the coexistence of different cultures, languages, identities and traditions in the same region is increasingly complicated. But it is possible? Researchers from the Institute for Culture and Society (ICS) answer this question from different perspectives.

“Coexistence occurs between people not cultures”

“There are many examples of peaceful coexistence between different cultures; in fact, coexistence occurs between people not cultures,” or so claimed Ana Marta González, the Scientific Coordinator of the ICS and principal investigator of the Emotional Culture and Identity project. For her, the key is in the different groups that “have points of contact and hybridizations.” She believes that it would be a mistake to “petrify cultures as if they were untouchable entities to which people are subordinate.” For this reason, she believes that is normal for cultures to change and mix.
González explains that, “the world is globalized, with dominant cultures and others that are threatened by the very dynamics of progress that we have been unable to domesticate, civilize.” In the current situation, she proposes that we be bilingual: “Competent on a global and local scale because without our traditions and customs we would lack roots, but, at the same time, we need to progress.”

“Coexistence is not possible with excessive resentment. The solution is to imagine a common project, of which we have lost sight”

“There are groups with very different visions of their future, destiny, values … but they manage to live in peace,” says David Thunder, a Ramón y Cajal researcher within the Religion and Civil Society project. And he mentions the case of Northern Ireland, where Catholics and Protestants have learned to live together.
Thunder adds that recent violence between groups makes coexistence difficult: “There is a lot of resentment and no time has passed. The solution is forgiveness, reimagining a common project of which many have lost sight.” In this line, he adds that it is necessary “to model the conflictive situation, that someone rethink coexistence considered as a prototype, breaking down the common idea that cultures cannot mix.”
He argues that having conditions for peaceful coexistence in place depends on the particularities of each situation, but stresses that it is necessary that “there be political will on both sides, which allows both sides to achieve their economic, social, and security goals, as well as encourage development improvement, and cultural and social values.”

“Recent research indicates that there are many more differences within the same group than between different cultures”

Joseph Gomes, a researcher at the Navarra Center for International Development (NCID), recalls that cities like San Francisco, Los Angeles and New York are some of the most diverse environments in the world and are also among the most productive.

“Although we believe that cultural differences between groups can be difficult to overcome, recent research has highlighted that there are many more differences within the same group,” he emphasizes.
Pointing to the results of research he carried out in Africa, he mentions that it is true that a multilingual territory can contain problems, such as “the language in which schools should teach, deciding on the official language, problems of racism and prejudices, political instability, disadvantages for some groups…” In particular, his study revealed that, “the children of individuals who use a language that differs from their neighbors have worse health outcomes since health-related information does not reach them.” However, he recognizes that it is possible to change this since it is possible to find areas of improvement on which to act.
But disadvantages are not the only thing found in an environment in which different languages coexist. Among the positives, he highlights the plurality of skills, ideas, experiences and perspectives. “Plurality can benefit the economy, the arts, the sciences… Interacting with different people can be enriching even at the most basic level,” he says.
As a paradigm of hope, he recalled that, in Rwanda, existing ethnic prejudices were reduced through radio soap operas. “If a country with a history of terribly painful and recent genocide shows that ethnic prejudice is not written in stone, it is always possible to change in a positive direction,” he asserts.

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