Aporofobia: el rechazo hacia las personas pobres

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Fundéu (Fundación del Español Urgente)  ha elegido “aporofobia” como la palabra del año 2017. La acuñó en los años 90 Adela Cortina, catedrática de Filosofía, para designar el rechazo que se siente hacia las personas pobres. Ella sostiene que el rechazo que tenemos hacia las personas extranjeras (xenofobia) tiene más que ver con su condición económica que con su procedencia. Parece que no se siente esa aversión hacia empresarios ricos asiáticos, modelos africanas, etc.

¿Qué debe cumplir una palabra para que la Fundéu la elija como la ganadora de la palabra del año? Manuel Casado, catedrático de la Universidad de Navarra, académico correspondiente de la Real Academia Española e investigador principal del proyecto ‘Discurso público’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS), considera que debe reunir varios requisitos: “Debe tener cierta novedad y cierta relevancia social. Y, quizá, designar algo que sea un motivo de preocupación o que esté presente en el discurso público”.

“Aporofobia es una creación novedosa, construida a partir del vocablo griego aporos, con un sufijo también griego -fobia que significa rechazo, con una connotación de enfermedad”, explica.

Destaca que esta aportación de Adela Cortina es interesante porque “en la medida en la que algo no tiene nombre no es visible”. Del mismo modo, explica que “cuando se pierde un nombre, una determinada realidad se invisibiliza, que es a veces el papel que tienen los eufemismos, desterrar del horizonte social lo que no se desea ver”.

Atajos mentales

Para Adela Cortina, la aporofobia es un impulso que tenemos de modo casi inconsciente, una tendencia. Gonzalo Arrondo, neurocientífico e investigador del Grupo ‘Mente-cerebro’ del ICS, considera que este miedo “es uno de varios sesgos cognitivos que se dan en las interacciones sociales”. Aclara que se trata de atajos mentales que “nos permiten hacer juicios rápidos cuando tenemos poca información social de los otros, son inconscientes pero influyen enormemente en nuestra conducta”.

Entre esos sesgos menciona la xenofobia, que es el rechazo a otras culturas, y el sesgo de superioridad del propio grupo frente al grupo externo. “La aporofobia explicaría por qué la xenofobia o la preferencia por los del grupo propio es mucho menor o inexistente cuando la otra persona es rica”, apunta Arrondo.

El investigador subraya que el origen de estos atajos mentales no está claro, podría ser genético-evolutivo, social o ambos. “Lo que sí se sabe -añade- es que se configuran durante la infancia y a partir de ese momento es difícil evitar su influencia”.

Difícil pero no imposible. Una de las soluciones que propone es ser consciente de los sesgos para forzarnos a cambiar nuestra actitud. “Al principio nos supondrá un gran esfuerzo mental, pero cuanto más practiquemos menos nos costará convertirlo en una segunda naturaleza”.

Rechazo al extraño: desconfianza y expectativas

Por su parte, David Thunder, filósofo e investigador Ramón y Cajal en el proyecto ‘Religión y sociedad civil’ del ICS, considera que lo que produce el rechazo no es solo la pobreza, sino que se añade el hecho de que el otro es un extraño: “Se trata de un desconocido y para estar cómodos en una convivencia es necesario conocer hábitos, actitudes y valores básicos”. De este modo es más fácil predecir el comportamiento del otro, que permite comprender cómo se debe actuar.

Cuando una persona se encuentra con un pobre en la calle, según el investigador, surgen dos problemas: “Por un lado hay una inestabilidad de expectativas, no se qué espera de mí y no sé qué esperar de él. Por otro lado existe una desconfianza mutua”.  Los motivos que le llevan a pensar que la causa de este problema no es solo la pobreza son dos. Por un lado los niños que están necesitados no producen la inquietud que podría generar un adulto. Y además considera que si alguien de nuestro entorno cae en una situación de desamparo, no nos produce esa misma incomodidad, porque no es un extraño.

Existe una cierta creencia por parte de muchas personas de que una persona pobre está en esa situación por voluntad propia. “Puede que esté en la calle por malas elecciones o quizás no, pero creo que es muy importante no condenar ni pensar que está en sus manos arreglar la situación fácilmente”, recomienda David Thunder.

Sugiere compararlo con la propia debilidad: muchas personas tienen vicios y dificultades que no logran superar ni con ayuda. “Incluso hay momentos en mi vida en que no lucho tampoco contra mis propios problemas, pese a tener una red de apoyo increíble, así que deberíamos empatizar con ellos”, concluye el investigador.  

“Un análisis matizado de la pobreza, con sus causas y su responsabilidad borraría las diferencias entre los partidos”

En los partidos políticos se debate sobre la pobreza y tradicionalmente la actitud de cada grupo frente a este problema es distinta dependiendo del lado al que tienda. “Hay que entender que los partidos tienen interés en distinguirse y hablar a las inquietudes y prejuicios de las bases centrales”, argumenta. Es por esto que Trump y otros políticos de derechas enfatizan la oposición a la gente ilegal y los de izquierda tienden a querer solucionar la pobreza mediante ayudas estatales.

La política actualmente se centra en expresar mensajes cortos, claros y que apelen directamente a sus bases, por eso los mensajes son tan opuestos. “Un análisis matizado de la pobreza, con sus causas y su responsabilidad borraría las diferencias entre los partidos -apunta el investigador-, pero yo no espero eso de los políticos”.

El interés que hay detrás de los mensajes que los políticos lanzan dirigen la conversación, por eso David Thunder cree que los análisis de la pobreza deben que tener lugar en organizaciones, instituciones y universidades por ejemplo, en lugar de en el ámbito de la política.

Pobreza: ¿un asunto estatal?

¿Es posible una solución? “La idea tradicional de que la responsabilidad para con los pobres es cien por cien del Estado no es muy prometedora -explica David Thunder- porque un problema personal, en el terreno, no suele cambiarse desde la burocracia estatal”.

“En el fondo, se trata de dar sin recibir, que es lo que más llena a una persona. Cuando solo nos cuidamos a nosotros mismos nos sentimos insatisfechos”

Para él la respuesta puede venir desde organizaciones e iniciativas en el ámbito cívico. “Pueden ayudarles a dar los pasos iniciales, a todos aquellos que quieran salir de la situación”, dice. Pero hay personas abiertas a mejorar sus circunstancias que no ven el modo de hacerlo o que no cuentan con los suficientes apoyos para mejorar la situación. “Lo adecuado en esas ocasiones es dar y a la vez exigir, no dinero, claro, pero sí una correspondencia personal, un compromiso. Así respetas a la otra persona”, expone Thunder.

Manuel Casado cree que se resuelve con “actitudes personales que supongan un compromiso con la necesidad ajena”. Los valores de esta sociedad son la belleza, la salud, la juventud, el dinero, y aquellas personas que no los cumplen quedan al margen. En la medida en que cada uno dedica tiempo a atender a personas necesitadas, indigentes, excluidas, enfermas “rompemos un círculo vicioso”, apostilla el académico.

Finalmente, concluye que “en el fondo, se trata de dar sin recibir, que es lo que más llena a una persona. Cuando solo nos cuidamos a nosotros mismos nos sentimos insatisfechos. Tolstoi decía: «Nunca he sido tan feliz como cuando me he puesto al servicio de los demás»”.

 

“Aporophobia:” The rejection of poor people

Fundéu (Fundación del Español Urgente) has chosen “aporophobia” as the word of the year for 2017. Adela Cortina, a professor of philosophy, coined it in the 1990s to designate rejection felt toward people poor. She maintains that rejection towards foreign people (xenophobia) has more to do with their economic condition than with their origin since no one seems to feel much aversion towards rich Asian entrepreneurs, African models, etc.

What must a word do in order for the Fundéu to choose it as the winner of the word of the year? Manuel Casado, professor at the University of Navarra, corresponding academic for the Royal Spanish Academy and principal investigator of the Public Discourse project of the Institute for Culture and Society (ICS), notes that it must fulfill several criteria: “It must project a certain novelty and social relevance. And it should probably designate something that is a cause for concern or that is present in public discourse.”

“Aporofobia is a novel creation built from the Greek word aporos, with the Greek suffix phobia, which means rejection with a connotation of disease,” he explains.

He stresses that Adela Cortina’s contribution is of interest because “to the extent that something has no name, it is invisible.” In the same way, he explains that, “when a name is lost, a certain reality becomes invisible, which is sometimes the role of euphemisms, namely, to banish from the social horizon that which one does not want to see.”

Mental shortcuts

For Adela Cortina, aporophobia is an impulse that we have almost unconsciously, a tendency. Gonzalo Arrondo, a neuroscientist and researcher within ICS’s Mind Brain Group, believes that this fear “is one of several cognitive biases that occur in social interactions.” He clarifies that these are shortcuts that “allow us to make quick judgments when we have little social information about others; they are unconscious, but they heavily influence our conduct.”

Among these biases, he mentions xenophobia, which is the rejection of other cultures, and a superiority bias for the group itself vis-à-vis an external group. “Aporophobia would explain why xenophobia or a preference for those of one’s own group is much less or nonexistent when the other person is rich,” Arrondo argues.

The researcher emphasizes that the origin of these mental shortcuts is not clear; it could be genetic-evolutionary, social or both. “What is known,” he adds, “is that they are shaped during childhood and, thereafter, it is difficult to avoid their influence.”

It is hard, but not impossible. One of the solutions he proposes is to be aware of these biases to force us to change our attitude. “In the beginning, this may require great mental effort, but the more we practice, the less effort it will take for it to become second nature.”

Rejecting the stranger: Suspicion and expectations

For his part, David Thunder, philosopher and Ramón y Cajal researcher for the ICS’s Religion and Civil Society project, holds that poverty alone does not produce rejection, but rather rejection in this case is compounded by the fact that the other is a stranger: “We are talking about strangers; to have a comfortable coexistence, people must know each other’s habits, attitudes and basic values. In this way, it is easier to predict behavior, which allows us to understand how to act.”

When meeting a poor person in the street, according to the researcher, two problems arise: “On the one hand, expectations are uncertain— I do not know what he expects of me or what to expect of him. On the other hand, mutual distrust arises.” He believes that this problem is not just rooted in poverty for two reasons, as follows: On the one hand, children who are in need do not produce the same discomfort that an adult in need might. And he also thinks that if someone from one’s milieu falls into a situation of extreme need, he does not produce that same feeling of discomfort because he is not a stranger.

There is a certain belief on the part of many people that a poor person finds himself in that situation based on his own actions. “He may be in the street because of bad choices or maybe not, but I think it is very important not to condemn him and not to think that he is easily able to fix the situation,” David Thunder suggests.

Instead, he suggests looking at one’s own weaknesses; many people have vices and difficulties that they cannot overcome even with help. “There are even moments in my life when I do not fight against my own problems, despite having an incredible support network, so we should empathize with the poor,” the researcher concludes.

“A nuanced analysis of poverty, looking into its causes and who is responsible for it, would erase differences between political parties”

Political parties often debate about poverty and each group that faces this problem traditionally has a different attitude depending on the side they take. “One must understand that political parties have an interest in differentiating themselves and speaking to the concerns and prejudices of their central base,” he argues. This is why Trump and other right-leaning politicians emphasize opposition to illegal immigration, and why those on the left tend to want to solve poverty through state aid.

Politics at the moment focuses on expressing short, clear and appealing messages directly to the base, which is why their messages are so different. “A nuanced analysis of poverty, looking into its causes and who is responsible for it, would erase differences between political parties,” the researcher notes and continues, “but I do not expect that from politicians.”

The interest behind the messages that politicians air direct the conversation, which is why David Thunder believes that poverty analysis should take place in organizations, institutes and universities for example, instead of in the field of politics.

Poverty: Is it an issue for the state?

Is a solution possible? “The traditional idea that the state is 100% responsible for the poor is not very promising,” David Thunder explains and adds, “because a personal problem does not usually change starting from the bureaucratic state.”

“Basically, it’s about giving without receiving, which is what most fulfills a person.
When we only take care of ourselves we feel dissatisfied.”

For him, the answer may come from organizations and initiatives in the civic sphere. “They can help those who want to get out of poverty take initial steps,” he notes. There are people open to improving their circumstances that do not see how they can do it or do not have enough support. “The appropriate thing in those cases is to give and, at the same time demand a commitment and personal relationship, rather than money, in return. In this way, you respect the other person,” Thunder claims.

Manuel Casado believes that poverty is resolved with “personal attitudes that involve a commitment to others’ needs.” Our society values beauty, health, youth, money, and those who do not comply are left on the margin. To the extent that we all spend some time serving the needy, destitute, excluded, or sick, “we break a vicious cycle,” the academic confirms.

Finally, he concludes that, “basically, it’s about giving without receiving, which is what most fulfills a person. When we only take care of ourselves we feel dissatisfied.” As Tolstoy said, “I have never been happier than when I put myself in the service of others.”

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