Trata de personas: combatir la esclavitud en el siglo XXI

englishversion

Aunque parezca un problema de antaño, la esclavitud continúa existiendo y, en pleno siglo XXI, aún estamos lejos de erradicarla. Según la Organización Mundial del Trabajo, se estima que más de 40 millones de personas fueron sometidas a ella en 2016. Para hacerse una idea, podrían llenar más de 400 veces el estadio del Camp Nou (el cuarto más grande del mundo).

En su mayoría, son víctimas del tráfico de humanos y se les trata como mercancías que se destinan a trabajos forzados, explotación sexual, niños soldados, mendicidad, matrimonios forzados, venta de niños y tráfico de órganos. Así lo expone el ‘Informe global sobre tráfico de personas’ elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés) elaborado en 2016.

El tipo más común de víctimas rescatadas corresponde a mujeres de África subsahariana explotadas sexualmente. De las 63.523 víctimas detectadas en 2016, el 70% eran mujeres y niñas. Sin embargo, la UNDOC alerta que también está aumentando el número de hombres y niños víctimas principalmente para trabajos forzados.

¿Cómo es posible esta situación en una sociedad cada vez más desarrollada y que, supuestamente, promueve los derechos humanos? Margaret Archer, profesora de Sociología en la Universidad de Warwick (Reino Unido) arrojó luz sobre esta pregunta durante su visita al Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, donde impartió una asignatura en el Máster en Investigación en Ciencias Sociales. Archer contribuye a reflexionar sobre la trata de personas y luchar contra ella desde la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, que actualmente preside y de la que es miembro fundador. En los últimos años se ha celebrado una decena de congresos sobre esta cuestión.

Además de esta labor en el Vaticano, la investigadora se ha implicado como ciudadana para luchar contra esta lacra. A principios de 2017 compró una casa en un pueblecito inglés llamado Kenilworth para poder alojar a personas víctimas de trata. “No tienen ningún sitio a dónde ir. Están fuera, en la calle y lo mejor que les puede pasar es que una asociación de voluntarios se entere de su presencia y les ayude”, recuerda.

En ese sentido, lamenta que las políticas nacionales no contemplen estructuras a las que puedan acudir estas personas. Según señala, los sujetos del tráfico solo pueden acudir a refugios u hostales un máximo de 45 días, un tiempo más que insuficiente para poder rehacer sus vidas, asegura.

Actualmente, Archer acoge a dos chicas nigerianas en la casa que adquirió. Una de ellas fue explotada en un bar de alterne y la otra fue vendida para el servicio doméstico y llevada a Londres con tan solo 9 años. Este segundo caso fue especialmente complejo: siendo todavía una niña, le obligaban a trabajar todo el día para una familia y no le dejaban estudiar. Además, a pesar de su corta edad, tuvo que contribuir a sacar adelante a los cuatro hijos pequeños cuando la madre enfermó. Sin embargo, nunca le pegaron ni abusaron sexualmente de ella, lo que hizo que no les rechazase a pesar de la situación que vivía. “A ella le resultaba muy ambiguo porque le habían privado de una educación pero realmente no les odiaba, incluso quería a los niños que cuidaba”, comenta.

“Traficar con personas da más beneficios económicos que hacerlo con drogas”

Margaret Archer cuenta que, aunque algunas personas consigan escapar de la esclavitud, tienen problemas para llevar una vida normal. “Algunos están enfermos, muchos por transmisión sexual, y otros están aterrorizados, traumatizados psicológicamente porque básicamente nadie les quiere”, apunta. Añade que, muchas veces, simplemente necesitan un consejo o conocer cuestiones tan prácticas como dónde se compran los billetes de autobús.

Además, critica que los gobiernos no planteen “previsiones generosas para cuidarles”. Para facilitar su reintegración en la sociedad, aboga por un “sistema progresivo que busque restaurar la dignidad humana y ofrecer una oportunidad de vivir una vida ordinaria”.

Pasos hacia el futuro

Aunque no existen conclusiones certeras sobre qué lleva a alguien a traficar con seres humanos, Archer cita un estudio italiano que consiguió resultados reveladores. Según este, el traficante pasa por una progresión en la escala de delincuencia hasta llegar a la trata. “Afirman que suelen empezar chicos adolescentes que roban cigarros de máquinas y los venden en pubs, de ahí se pasa al contrabando de cigarros, después al de drogas –que es más rentable– y, por último, al de personas”, señala.

Sin duda, la motivación económica es un aliciente. “Traficar con personas da más beneficios económicos que hacerlo con drogas”, denuncia. Argumenta que  las iniciativas económicas más rentables a lo largo de la Historia han surgido a través de la esclavitud, como el comercio de café, del tabaco o del algodón.

Archer recuerda que, además de generar dinero, dedicarse a la trata sale muy barato: la tasa de condenas por tráfico de personas es muy bajo. El informe de UNODC lo confirma: aunque los distintos países sean cada vez más conscientes de este problema y han desarrollado protocolos de actuación –han pasado de 33 países en 2003 a 156 en 2016–, el número de condenados y encarcelados por al trata se mantiene es escaso.

Afortunadamente, la revolución tecnológica está favoreciendo la labor policial a la hora de localizar traficantes. La investigadora alude al testimonio de un alto mando de la policía española que intervino en un congreso del Vaticano, donde les explicó cómo detectaban a las personas transportadas a través de imágenes térmicas. “Cuando un barco se acerca al puerto pueden tomar imágenes de él, incluso la parte que está bajo el agua, y se ve claramente si portan cuerpos humanos”, expone.

Pero Margaret Archer recuerda que la responsabilidad de combatir esta lacra no solo recae en la policía, sino en todos los ciudadanos: “Si nos preocupa en términos humanitarios, los europeos deberíamos presionar más a los gobiernos nacionales para que hicieran algo más por estas personas”.

Autor: Natalia Rouzaut

¿Quieres conocer el máster donde impartió clase esta experta?

 

 

Trafficking in Persons: Combating slavery in the twenty-first century

Although it may seem a problem of the past, slavery continues to exist and, in the twenty-first century, we are still far from eradicating it. The International Labor Organization estimates that more than 40 million people were subjected to it in 2016. To get an idea, that amount could fill up more than 400 times Camp Nou’s capacity (the fourth largest stadium in the world).

Most of these people are victims of human trafficking and are treated as goods destined for forced labor, sexual exploitation, child soldiers, begging, forced marriages, sale of children and organ trafficking, according to the 2016 Global Report on Trafficking in Persons prepared by the United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC).


Sexually exploited women in sub-Saharan Africa are the most common type of victim rescued today. Of the 63,523 victims found in 2016, 70% were women and girls. However, the UNDOC warns that the number of men and boys that fall victim is also increasing in the area of forced labor.

How is this situation possible in an increasingly developed society that supposedly promotes human rights? Margaret Archer, Professor of Sociology at the University of Warwick (United Kingdom), shed light on this question during her visit to the Institute for Culture and Society at the University of Navarra, where she taught a class to students enrolled in the Master of Social Science Research. Archer contributes to reflection on human trafficking and the fight against it from her position at the Pontifical Academy of Social Sciences, which she currently chairs and of which she is a founding member. In recent years, a dozen conferences have been held on this issue.

In addition to her work at the Vatican, the researcher has gotten involved in the fight against this scourge in her own country. At the beginning of 2017, she bought a house in an English village called Kenilworth to house victims of trafficking. “There is nowhere free for them to move on. There’re out on the street and the best thing that can happen to them is that a voluntary association can get to know about them and help them ,” she notes.

In this sense, she regrets that national policies do not create room for more places where these people can go. As she points out, trafficking victims can only go to shelters or hostels for a maximum of 45 days, which is definitely not sufficient time for them to rebuild their lives, she assures.

“Trafficking people is more profitable than drugs”

Currently, Archer hosts two Nigerian girls in the house she bought. One of them was exploited into prostitution and the other was sold for domestic servitude and taken to London at only nine years old. The latter case is especially complex. As a child, she was forced to work all day for a family that did not let her study. In addition, despite her young age, she had to help bring up four small children when the mother became ill. However, they never hit or sexually abused her, which meant that she did not reject them despite the situation they put her in. “This became very ambiguous to her because she had been deprived of an education, but she did not really hate them— in fact, she loved the children she cared for,” she says.

Margaret Archer relates that, although some people manage to escape from slavery, it is difficult for them to lead a normal life. “Some of them are sick, obviously a lot with sexually transmitted diseases; some of them are traumatized psychologically, terrified, because they are basically not wanted” she says and adds that, many times, they even need help to figure out practical questions like where to buy bus tickets.

In addition, Archer criticizes governments for not implementing “generous provisions to care for them.” To facilitate their reintegration into society, she advocates for a “progressive system that aims to restore the human dignity or give them a chance to live an ordinary life.”

Steps towards the future

Although no conclusions have been reached on what leads someone to traffic human beings, Archer cites an Italian study that offers revealing insights. According to it, the trafficker progresses through a scale of delinquency until he reaches trafficking. “They say that teenage boys would start with small scale crime, stealing cigarettes from machines and selling them in pubs, from there, they switch to smuggling cigarettes, then have gravitated to drugs (which are more profitable), and then to people”, she notes.

Without a doubt, the economic motivation is an incentive. “Trafficking people is more profitable than drugs,” she laments, and further argues that the most profitable economic initiatives throughout history have emerged through slavery, such as with the trade of coffee, tobacco or cotton.

Archer recalls that, in addition to generating money, it is very low risk to engage in trafficking because the conviction rate for human trafficking is very low. The UNODC report confirms this— although different countries are increasingly aware of this problem and have developed protocols for action – they have gone from 33 countries in 2003 to 156 in 2016 – the number of convicts and inmates charged with trafficking is scarce.

Fortunately, the technological revolution helps police work when locating traffickers. The researcher alludes to testimony from a highly ranked official in the Spanish police that participated at a Vatican conference, where he explained how they detected trafficked people through thermal images. “When a ship was heading in to the port, they take an image of this boat including the under the water part , and there you could see very clearly if there were messy human bodies,” she explained.

Margaret Archer reminds us that the responsibility to combat this scourge lies does not just remain with the police, but also extends to everyday citizens: “If we care in humanitarian terms, we, Europeans, should put a lot more pressure on our national governments to do more for these people.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s