Menores y tecnología: acompañar y educar para un uso constructivo

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Los jóvenes cada vez pasan más tiempo delante de las pantallas. No es solo una intuición generalizada: lo avalan los datos. El Estudio General de Medios de 2017 afirma que el consumo de internet entre los menores de 14 años ha aumentado. Y también crece el número de niños que navegan a edades cada vez más tempranas: un 64,2% de los menores entre 4 y 13 años acceden a la red.

La mayoría de los padres tienen numerosas dudas sobre si es adecuado que sus hijos se conecten a internet, desde qué edad deben hacerlo, cuáles son los riesgos… En definitiva, se preguntan cómo ayudarles a que tengan una relación sana con la tecnología.

Una de las cuestiones clave es aprender a gestionarla bien en el tiempo libre. Javier García Manglano, investigador principal del proyecto ‘Jóvenes en transición’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra, alerta de que muchos jóvenes se conectan para paliar el aburrimiento, pero se encuentran con que las pantallas no consiguen sacarles del todo de ese estado.

En esa línea, habla del entreburrimiento: “Cuando alguien está aburrido, mira una serie, Instagram, conversaciones antiguas en Whatsapp… pero no es un entretenimiento que te llena, no exige nada, solamente te hace no ser tan consciente de que estás aburrido”. Recuerda que esto puede dificultar que busquen un hobbie o hagan algo que realmente les aporte valor.

El problema es que, según comenta, la tecnología está diseñada para que no salgas de este círculo. Youtube o Netflix continúan poniéndote vídeos o capítulos si no los paras. Las redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram siempre ofrecen la opción de bajar un poco más la línea temporal para seguir viendo contenidos.

Afrontar o huir

“Algunos acaban pensando que pueden ignorar a alguien que les incomoda con un clic”

Todo este entretenimiento ligero puede provocar que los más pequeños no desarrollen tolerancia al aburrimiento. “Se percibe como algo muy negativo, pero hay que aprender a tolerar una situación de aburrimiento o tristeza sin acudir inmediatamente a la ‘huida digital’: aparatos, entretenimiento, redes sociales, vídeos, memes, etc.”, sostiene García Manglano. El investigador sugiere que, si se trata de situaciones ordinarias, como esperar a un amigo o sentirse un poco bajo de ánimo, el joven puede aprender a afrontar esa incomodidad de modo constructivo, sin huir de ella. “Puede observar lo que le rodea, o pensar sobre lo que ha hecho o va a hacer; o, en el caso de un pequeño desánimo, reflexionar sobre sus posibles causas”.

De este modo aprenderán a afrontar las pequeñas incomodidades del día a día, evitando que la ‘huida digital’ se convierta en su único mecanismo de defensa ante lo que les cuesta, apunta el experto. “La ‘huida digital’ anestesia de los problemas a corto plazo, pero al no ser afrontados no se solucionan, y lo que es peor, impide desarrollar recursos vitales como la reflexividad o la resiliencia. Si no se reflexiona, no se aprenderá a distinguir las dificultades circunstanciales (me aburro esperando) de los problemas serios (nada me produce satisfacción)”, sostiene Javier García Manglano. En cambio, se puede enseñar a los jóvenes a afrontar el aburrimiento o la tristeza buscando las relaciones personales, según el investigador.

Charo Sádaba, decana de la Facultad de Comunicación y colaboradora del ICS, recalca que las redes sociales pueden ser muy útiles para cultivar las amistades: “A priori pueden ayudar a estar más en contacto con gente con la que tenemos cosas en común; sentir más cerca a quienes son importantes”.

Ante la pregunta de cómo influyen las nuevas tecnologías en cómo vivimos la amistad, confiesa que le gustaría pensar que “los amigos siguen siendo igual de relevantes”, pero es consciente de que “los más jóvenes están creciendo con un grado de exposición a los demás que también modificará su percepción sobre qué es una amistad”.

No obstante, hace referencia a que las relaciones personales en el mundo digital también han incrementado el número de casos de acoso. Podría parecer que lo que les motiva a hacerlo es el anonimato, pero Charo Sádaba explica que “curiosamente en muchos casos los comentarios negativos se hacen desde los propios perfiles personales. La tecnología genera una distancia entre el usuario, el contenido y sus consecuencias sobre la que debemos pensar más”.

García Manglano señala que los niños que están muy conectados a internet “no desarrollan bien su relación con la realidad, no se dan cuenta de que lo real no es tan moldeable como lo digital”. Esto quiere decir que algunos no terminan de estar preparados para tener una discusión serena o para negociar con otros, por ejemplo: “Algunos acaban pensando que pueden ignorar a alguien que les incomoda con un clic”.

“Es cierto que internet debe ser libre pero cuando hablamos de menores, en internet tenemos que evitar que se hagan daño del mismo modo que les protegemos físicamente cuando ponemos suelos de goma en los columpios de parques públicos”

Interiorizar los límites

Las soluciones para un buen uso de las nuevas tecnologías, que eviten prácticas negativas como el “entreburrimiento” y el ciberacoso, pasan por dos pilares, según los expertos: educar y acompañar.

“Es cierto que internet debe ser libre, -apostilla García Manglano- pero cuando hablamos de menores, en internet tenemos que evitar que se hagan daño del mismo modo que les protegemos físicamente cuando ponemos suelos de goma en los columpios de parques públicos”.

Charo Sádaba coincide en la importancia de un acompañamiento de los padres y de los educadores en general que anime a los jóvenes a aprovechar las oportunidades que ofrece internet, pero también a ser conscientes de los riesgos”.

García Manglano aboga por procurar que cualquier limitación o protección acabe siendo parte del razonamiento del niño: debe utilizar la tecnología de forma positiva por voluntad propia, entendiendo de un modo apropiado a su edad los riesgos y oportunidades. “Además hay que considerar el salto generacional; siempre van a estar un poco por delante de sus padres y aprenderán a saltar barreras y filtros”, añade.

Por eso insiste en que el menor debe desarrollar el control interno ya que, conforme va creciendo, el control desde fuera se va haciendo menos útil: “si alguien quiere hacer daño o entrar en relaciones o conductas problemáticas en internet, va a ser muy difícil de controlar externamente”.

Y apuesta por hacer esa transición en positivo. Subraya que “no pueden ser todo noes, se tiene que enseñar al niño a disfrutar jugando con personas y no solo con videojuegos”. Tiene que aprender a pasárselo bien con personas, dice, pero esto requiere tiempo y trabajo. “Supone aguantar los momentos difíciles del niño. De igual forma que los menores huyen de la soledad con la tecnología, los adultos también podemos huir de la lenta tarea educativa que requiere tiempo y presencia”, lamenta.

    Finalmente, plantea dos estrategias para fomentar en casa y en la escuela: “Como alternativas al ‘entreburrimiento’ y a la ‘huida digital’, los adolescentes pueden aprender, desde niños, dos hábitos: el primero, a consumir entretenimiento con otros, no a solas; el segundo, a acudir a personas, no a cosas, ante la tristeza o el desánimo. Pienso que estos dos recursos les ahorrarán muchos problemas en la vida”.  

Autora: Elena Beltrán

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Minors and technology: Dedicating time and education to constructive use

Young people spend more and more time in front of screens. This is not just a generalized intuition; the data supports it. The 2017 General Media Study affirms that internet consumption among children under 14 has increased. With 64.2% of children between the ages of 4 and 13 accessing the internet, the number of children surfing the web at younger and younger ages is also growing.

Most parents express doubt about whether it is appropriate for their children to connect to the internet, how old they should be, what the risks are, etc. In short, they wonder how to help them have a healthy relationship with technology.

One of the key issues involves learning how to manage technology during free time. Javier García Manglano, principal investigator of the Youth in Transition project at the Institute for Culture and Society (ICS) of the University of Navarra, cautions that many young people connect to alleviate boredom, but they find that screens do not entirely do the job.

He calls this state “entertained boredom,” saying, “When someone is bored, he watches a series, looks at Instagram or old conversations on Whatsapp… but this entertainment does not fill him; it does not ask anything of him and only numbs the feeling of boredom for a while.” The researcher points out that this can make it harder for people to look for a hobby or do something that really adds value.

The problem is that, according to García Manglano, technology is designed to keep users in its loop. Youtube and Netflix continue playing videos or episodes if you do not stop them. Social networks such as Facebook, Twitter, and Instagram always present the option of staying on one’s timeline a little longer and viewing more content.

Fight or flight

“Some end up thinking that they can ignore someone who bothers them with just a click.”

All this light entertainment hinders young children from developing a tolerance for boredom. “It is perceived negatively, but we must learn to tolerate a situation of boredom or sadness without immediately taking ‘digital flight’ with gadgets, entertainment, social networks, videos, memes, etc.,” García Manglano maintains. The researcher suggests that, in ordinary situations, such as waiting for a friend or feeling a little down, young people should learn to constructively deal with that discomfort without running away from it. “They can observe what surrounds them, or think about what they have done or will do; or, in the case of feeling down, reflect on the possible causes.”

In this way, the expert points out, they learn to face the small discomforts of everyday life, preventing “digital flight” from becoming their only defense mechanism in the face of difficulties. “‘Digital flight’ anesthetizes problems in the short term, but does not solve them in the long term and, what is worse, it prevents the development of vital resources like reflexivity and resilience. Without reflection, we do not learn to distinguish circumstantial difficulties (I am bored waiting) from serious problems (I am not satisfied with anything),” Javier García Manglano notes. Instead, young people can be taught to deal with boredom or sadness by seeking personal relationships, according to the researcher.

Charo Sádaba, Dean of the School of Communication and an ICS collaborator, emphasizes that social networks can be very useful for cultivating friendships: “A priori, they can help us build contact with people with whom we have things in common and help us feel closer to those who are important to us.”

Faced with the question of how new technologies influence how we live out friendship, she confesses that she would like to think that “friends are still as relevant,” but she also realizes that, “young people are growing up with a degree of exposure to others that is modifying their perception of friendship.”

However, she makes reference to the fact that personal relationships in the digital world have also increased the number of harassment cases. It might seem that anonymity produces this effect, but Charo Sádaba explains that, “curiously, in many cases, negative comments come from personally identifiable profiles. Technology generates a distance between the user, the content and its consequences, which we must think about more.”

García Manglano points out that children who are constantly connected to the internet “develop a mistaken concept of reality; they do not realize that reality is not as moldable as the digital realm.” This means that some are not fully prepared to have a civil discussion or negotiate with others; for example, “Some end up thinking that they can ignore someone who bothers them with just a click.”

“While the internet must certainly be free when it comes to children, we have to protect them from harming themselves on the internet in the same way that we physically protect them by paving public play grounds with rubber mats.”

Internalizing limits

According to these experts, promoting the proper use of new technologies, one that avoids negative practices such as “entertained boredom” and cyberbullying, starts with education and spending time with young people.

“While the internet must certainly be free,” García Manglano argues, “when it comes to children, we have to protect them from harming themselves on the internet in the same way that we physically protect them by paving public play grounds with rubber mats.”

Charo Sádaba agrees on the importance of parents and educators in general spending time with young people, “which encourages them to take advantage of the opportunities that the internet offers, but also makes them more aware of its risks.”

García Manglano contends that parents and educators should try to incorporate any limitation or protection into children’s reasoning: they must use technology positively and of their own will, understanding, in a way that is age appropriate, the related risks and opportunities. “In addition, we must keep in mind that there is a generational gap; kids will always be a bit ahead of their parents and will learn to jump barriers and filters,” he adds.

That is why he insists that children must develop internal control since, as they grow up, external control becomes less useful: “if someone wants to do damage or enter into problematic relationships or behavior on the internet, it will eventually be very difficult to control that.”

He argues for making this a positive transition, emphasizing that, “your response cannot be no all the time; you have to teach a child to enjoy playing with people and not just with video games.” Kids have to learn to have fun with people, he says, but this takes time and work. “It means putting up with children’s more difficult moments. In the same way that children flee from solitude with technology, adults also escape this slow educational task that requires time and presence,” he laments.

Finally, García Manglano proposes two strategies worth trying at home and school: “As alternatives to ‘entertained boredom’ and ‘digital flight,’ adolescents can learn, starting as children, two habits: the first, to consume entertainment with others, not alone and, second, to go to people, not to things, when dealing with sadness or discouragement. I think these two resources save people from a lot of problems in life.

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2 respuestas a “Menores y tecnología: acompañar y educar para un uso constructivo

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