Ciencia abierta, un paso más (3)

Más allá del Open Access, también ha surgido un movimiento que busca poner a disposición de todos, no solo las publicaciones científicas, sino toda la información de la investigación. Esto se conoce como ciencia abierta, u Open Science en inglés.

Como explican los expertos del Instituto Cultura y Sociedad (ICS), el Open Science es una forma de avanzar en el conocimiento. Un investigador puede compartir la base de datos y códigos de análisis con los que ha hecho su investigación junto a su publicación correspondiente. De este modo, otra persona puede acceder a ellos para hacer una investigación distinta o profundizar en la que ya existe.

Según Natalia Arroyo, bibliotecaria de la Universidad de Navarra, supone un reconocimiento de los datos de investigación, pues, de otro modo quedarían “olvidados en el ordenador”. Así, considera que puede ser una línea de trabajo muy interesante para aportar algo nuevo a los estudios ya existentes.

De hecho, Jesús López Fidalgo, director de la Unidad de Ciencia de Datos del ICS, asegura que en varias convocatorias europeas se ha empezado a pedir la publicación de los datos de investigación en abierto y es una demanda reciente de la opinión pública científica. También se está empezando a exigir en editoriales de prestigio, añade Alex Armand, colaborador del Navarra Center for International Development del ICS.

La experiencia de Javier Bernácer, investigador del Grupo’Mente-cerebro’ del ICS, con la ciencia abierta ha sido muy positiva. “Los editores alababan el hecho de poner los datos en abierto, de subir todos los datos y todos los códigos de análisis”, asegura.

Para el investigador, publicar tanta información exige ser claro, transparente y riguroso con los resultados y el análisis ya que todo el mundo debe ser capaz de comprenderlos y replicarlos. “Da bastante vértigo porque puedes estar cometiendo algún error legítimo –sin mala intención– que luego toda la comunidad científica vea”, admite.

Datos para todos

No obstante, el hecho de que terceros utilicen los datos para sus propias investigaciones hace que algunos científicos miren de reojo a la ciencia abierta. “El gran temor de los investigadores es que alguien te ‘robe’ los datos que tanto trabajo te ha costado recoger’, explica Bernácer.

Junto con su compañero en el Grupo ‘Mente-cerebro’, Gonzalo Arrondo, advierte que los datos publicados se pueden utilizar de forma legítima. “A alguien se le puede ocurrir una idea brillante que a ti ni se te pasa por la cabeza porque no entra en tu área de interés”, apunta Arrondo.

Además, “¿por qué dices que esos datos son tuyos?”, se pregunta. Según afirma Arrondo, en ciencias sociales la mayoría de esos datos son personas, normalmente voluntarios que han cedido sus datos para que se utilicen de la mejor manera posible. “Con lo cual hay cierta tensión ética entre el investigador que quiere que sus datos sean suyos y el voluntario que quiere que esos datos sirvan para ayudar”, concluye.

“Con una recogida de datos se crea una base con las cual se pueden escribir hasta diez artículos”

Esta ‘apropiación’ de los datos aumenta en el ambiente científico actual donde publicar es una exigencia. Esto se conoce popularmente como  ‘publish or perish’, es decir ‘publica o muere’. Como explica Armand, un investigador hace carrera con sus publicaciones y no con sus datos. “Con una recogida de datos se crea una base con miles de variables y observaciones sobre las cuales se pueden escribir hasta diez artículos”, expone.

Entonces, ¿qué ocurre si se pone en abierto la base de datos con la primera publicación? “Al final, otra persona puede hacer carrera más rápido que tú, se pierden los incentivos de publicar los datos”, admite. Considera que solo puede beneficiar al investigador en el caso en que tenga más publicaciones y el tercer investigador que trabaje con sus datos aproveche para citar más artículos suyos.

Es más, a la hora de redactar una publicación no es necesario citar al autor de las bases de datos. “No tiene ningún retorno pero tampoco es plagio”, asegura Armand. No citar al autor es legal, solo se debe indicar la base de dónde salen los datos en los que se basan tus publicaciones.

Bernácer asegura que siempre se debe dar cuenta del origen de los datos y, si no, el editor de una revista tiene el deber de preguntarlo. “Aportar los datos refuerza tu trabajo y es determinante para que un artículo acabe siendo aceptado por la revista o no”, añade López Fidalgo.

Malas prácticas, malas métricas

Junto con Alex Armand realizamos una búsqueda de una base de datos para comprobar si se cita correctamente el origen de los datos. “La UCDP es una base de datos de eventos de conflicto”, ilustra. Encontramos 389 artículos donde se cita esta base pero, al mirar en Google Scholar, “hay 9.500 artículos que utilizan la palabra UCDP, una clara referencia a la base de datos –señala–. Menos del 5% citan realmente”.

“Una vez algo se publica, tiene tu sello para siempre”.

López Fidalgo recuerda que estas malas prácticas no han surgido con la ciencia abierta, sino que siempre se han dado. “Gente que copia la idea que has trasmitido en un congreso o que, después de rechazarte un artículo, aparezca publicado algo semejante con otros autores”, ejemplifica. Sin embargo, admite que no es muy habitual y que, una vez algo se publica, “ya tiene tu sello para siempre”.

Por otro lado, también se puede encontrar el caso contrario. “Legítimamente, hay investigadores que pueden usar esos datos, te citan, te escriben y te dan las gracias”, asegura Bernácer.

 

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