El 25 de mayo de 2020 los Estados miembros de la Unión Europea celebran por primera vez el Día internacional de los Héroes de la Lucha contra el Totalitarismo, proclamado por el Parlamento Europeo con en fin de mostrar respeto y hacer un homenaje hacia todos aquellos que, al luchar contra la tiranía, demostraron su heroísmo y su sincero amor por la humanidad, y al mismo tiempo ofrecer a las generaciones futuras un claro ejemplo de la actitud que se debe asumir ante la amenaza de esclavización totalitaria.

¿Por qué 25 de mayo? Tal día del año 1948, fue ejecutado el capitán Witold Pilecki. Fue un oficial polaco, soldado del Ejército del país con gran sentido de compromiso con la causa a la que servía: Polonia libre. En 1940, cuando surgieron sospechas de que en el territorio de la Polonia ocupada por los alemanes fue creado un lugar de internamiento adonde eran enviados polacos detenidos, se ofreció voluntario para infiltrarse allí con el fin de organizar la resistencia dentro y sacar información hacia afuera. Ese lugar no era otro que el campo de concentración y exterminio (aunque los transportes masivos de judíos no empezaron hasta dos años después) de Auschwitz.

Los aliados no pudieron creer que las barbaries que el capitán Pilecki describía en sus informes pudieran ser ciertas. Fotografía de Anna Dulska.

Pilecki permaneció en aquel infierno dos años y siete meses, pero cuando vio que su misión dentro no iba a prosperar, notificó a quien consideró su superior militar, que se iba. Este le preguntó con algo de incredulidad: “¿Crees que puedes irte de aquí así sin más?”, a lo que Pilecki contestó: “Pues sí”. Y escaparon con dos compañeros. Una vez libre, supo que los informes que enviaba durante su estancia tampoco surtieron efecto, pues los aliados no pudieron creer que las barbaries que describía pudieran ser ciertas. Allí no acabó la participación del incansable Pilecki en la guerra, pero lo peor estaba todavía por venir.

Pilecki fue condenado a muerte durante una farsa de juicio que las autoridades comunistas utilizaron de aviso para los miembros de la resistencia polaca. En la imagen se observan señales claras de las torturas a la que fue sometido. Fotografía coloreada por Mikolaj Kaczmarek.

Exactamente dos años después del fin de la guerra, en mayo de 1947 fue detenido por los servicios secretos del nuevo régimen que ocupó Polonia para las siguientes cuatro décadas, el comunista. ¿Con qué cargos? Espionaje, conspiración y posesión de armas. El verdadero motivo fue la caza de los adversarios del régimen.

Tras una farsa de juicio cuyo resultado había sido decidido de antemano por el Comité Central del Partido y que las autoridades comunistas utilizaron de aviso para los demás miembros de la resistencia, Pilecki fue condenado a una triple pena de muerte y privación de derechos públicos. Durante las vistas, procuraba mantener las manos escondidas para que no se viera que en las torturas a las que fue sometido le fueron arrancadas las uñas.

La última vez que vio a su mujer, María, le dijo: “Comparado con los comunistas, Auschwitz fue un jueguecito”. Fue ejecutado con un tiro en la nuca, de la misma forma que los 22.000 oficiales polacos en el bosque de Katyn en 1940. Su memoria fue condenada al olvido hasta 1989; a pesar de años de campañas arqueológicas, el lugar de su entierro aún no se ha encontrado.

La conmemoración ha sido establecida el 19 de septiembre de 2019 mediante la resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa que se enmarcó dentro de las conmemoraciones del 80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial. No habría que recordar una y otra vez cómo dicho conflicto empezó, a saber, por la agresión alemana a Polonia el 1 de septiembre de 1945, seguida por la invasión soviética el 17 del mismo mes, según fue acordado por ambos agresores en la cláusula secreta del pacto Ribbentrop-Molotov del 23 de agosto.

A pesar de años de campañas arqueológicas, aún no se ha encontrado el lugar donde se enterró a Pilecki. Los miembros de la resistencia, llamados “soldados malditos”, se enterraron en una fosa común. Luego cubrieron este espacio con hormigón y encima se hicieron entierros. De esta forma se aseguraron que sería muy difícil llegar a los restos. En ese lugar se han puesto cruces de abedul para conmemorar a las personas que fueron halladas ahí, o que se cree que están, pero todavía no se han localizado. Fotografía de Anna Dulska.

Hoy en día hay quienes pretenden distorsionar y relativizar los hechos, confundir las víctimas con los verdugos, el patriotismo con el nacionalismo y la libertad con ideologías (y viceversa). En este contexto, y en medio de una guerra informativa en la que vivimos, la memoria histórica y las políticas hacia el pasado se convierten en recursos muy valiosos y poderosos.

Que el recuerdo de la figura de Pilecki, un “héroe sin capa”, ayude a recordar a otros tantos hombres y mujeres que lucharon heroicamente – sea en campo de batalla o en el día a día – en defensa de la verdad, la libertad y la dignidad del ser humano. Que sean fuente de fuerza moral y unión y no de división. Se lo merecen.

Autora: Anna Dulska, investigadora del proyecto ‘Creatividad y herencia cultural’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS).

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