Las migraciones: un reto para los sistemas de salud

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Según datos presentados por la ONU en 2016, el número de migrantes en el mundo ha aumentado un 41% en los últimos quince años y actualmente asciende a 244 millones de personas.

El fenómeno migratorio implica numerosos retos para los países de acogida. Integrar a los nuevos miembros de sus sociedades contempla numerosas perspectivas: educación, cultura, vivienda, sanidad…

Este último punto fue el tema de la mesa redonda ‘Migraciones y salud. De las percepciones a la atención sanitaria’, organizada por el Instituto Cultura y Sociedad (ICS), la Facultad de Enfermería y la Facultad de Filosofía y Letras. Participaron Maider Belintxon, del área de investigación ‘Promoción de la salud’, y Carolina Montoro, del Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía. La moderó Ana Marta González, coordinadora científica del ICS.

De izda. a dcha. Maider Belintxon, Carolina Montoro y Ana Marta González durante la mesa redonda sobre migraciones y salud
De izda. a dcha. Maider Belintxon, Carolina Montoro y Ana Marta González durante la mesa redonda sobre migraciones y salud

 

Maider Belintxon presentó parte de los hallazgos de su tesis doctoral sobre enfermeras y familias en el encuentro cultural, en la que recogió datos de seis consultas de enfermería de dos centros de salud navarros. En total registró 70 encuentros culturales, 14 entrevistas con familias y 6 con enfermeras.

Según expresó, los expertos coinciden en que la migración “es muy estresante en la vida de una persona” y ese cambio “tiene una repercusión tanto en su salud -adaptación, estrés, aspectos psicoemocionales- como en el bienestar familiar”. Recalcó que, en consecuencia, hay que ser consciente de que “la persona migrante es más vulnerable a desarrollar un peor estado de salud que los autóctonos”.

La experta se centró en analizar la atención primaria, que constituye el primer contacto con el sistema sanitario. La pregunta de partida fue si tienen competencia para atender a familias de otras culturas: ¿ofrecen un servicio de calidad? ¿Integran los elementos culturales? ¿Qué barreras comunicativas hay? ¿Favorece la relación con la comunidad? De acuerdo con Belintxon, las enfermeras reconocen el reto añadido que supone atender a familias de otras culturas.

“Sienten frustración al hacerlo porque la situación les supera. Esto, sin duda, afecta al cuidado que ofrecen”.

La principal preocupación, según apuntó, es que el centro de salud no otorga recursos a sus profesionales, como traductores -para superar las barreras del idioma- o mediadores culturales. Por otro lado, añadió que los registros son apropiados para los pacientes autóctonos con unas características definidas, no a personas de otros lugares. Y, en tercer lugar, comentó que “los mensajes no se individualizan: se generalizan a personas del mismo grupo cultural, que son tratados de acuerdo con estereotipos y prejuicios”.

“Desconocemos qué repercusiones va a tener todo esto, pero quizá está impidiendo que se promuevan estilos de vida saludables, lo que tendrá un coste para los sistemas sanitarios”, recalca Maider Belintxon.

Frente a esto, la experta propone lo siguiente: capacitar a los profesionales sanitarios, adaptar los recursos y los programas a la diversidad personal; ofrecer un cuidado centrado en la persona; y apostar por un sistema sanitario como modelo integrador, que fomente el cuidado de la salud a todos los niveles.

¿La vida tras la migración afecta a la salud?

Por su parte, Carolina Montoro presentó un estudio sobre los determinantes sociales de la salud en los inmigrantes marroquíes en España. Se trata de un estudio de caso por género enmarcado en el Moroccan Migration Project, al que también pertenecen la Universidad de Princeton y Cruz Roja.

La investigación se planteó a partir de la autovaloración de salud y su evolución desde el momento de la migración, un indicador muy utilizado en los estudios sobre salud. Se realizó un análisis por género porque, según la profesora Montoro, la población marroquí presenta unos perfiles sociales muy diferenciados para las mujeres y los hombres: su papel en la vida, el rol en el hogar, el acceso a estudios…

Se examinó qué peso tienen para la salud factores como el tiempo que llevan viviendo en España, la situación laboral, el nivel formativo, la vivienda, las relaciones sociales con otros marroquíes y con españoles, la existencia de hijos, entre otros aspectos.

“Las mujeres que ganan dinero tienen 4,5 veces más probabilidades de presentar un buen estado de salud que las que no lo hacen”.

El estudio reveló que para las mujeres, el principal factor protector de la salud es la autonomía laboral: tener ingresos propios y cierto grado de independencia. En ese sentido, Montoro enfatizó que las acciones dirigidas a fomentar el empleo entre las marroquíes incidirían en una mayor integración social y en un menor gasto para el sistema sanitario.

Con respecto a los hombres, la primera variable significativa es la vivienda: cuanto más antigua es su casa -y, por tanto, más barata-, presentan mejor salud porque les representa una carga menor. Después destacan las relaciones sociales con compatriotas, seguidas a distancia de un nivel formativo relativamente elevado.

Carolina Montoro aseguró que estos datos ponen de manifiesto que “aproximarse a algo relacional como la vida de una persona requiere coordinación entre todos los departamentos de una región: salud, empleo, educación… Y no solo en ese nivel, también debe haber coordinación entre países”.

Asimismo, abogó por replantear la idea de integración en los países occidentales: “Modelos como el francés han fracasado porque la integración no puede entenderse como asimilación; un país no puede decidir de manera unilateral lo que supone pertenecer a él. Para integrar debe haber voluntad de apertura por las dos partes”.

 

Migration: A challenge for health systems

According to data presented by the UN in 2016, the total number of migrants in the world has increased by 41% in the last fifteen years and currently stands at 244 million people.

The migration phenomenon involves many challenges for host countries. Integrating new members in their societies involves numerous services, including education, culture, housing, healthcare, etc.

The latter service, healthcare, was the topic of discussion at a roundtable on “Migrations and Health: From perceptions to health care,” organized by the Institute Culture and Society (ICS), the School of Nursing and the School of Humanities and Social Sciences. Participants included Maider Belintxon, from the Health Promotion research area and Carolina Montoro, from the Department of History, History of Art and Geography. Ana Marta González, ICS’s scientific coordinator, moderated the roundtable.

Maider Belintxon presented part of the findings from her doctoral thesis on nurses and families in cultural encounters, in which she collected data from six nursing stations at two health centers in Navarra. In total, she registered 70 cultural meetings, 14 interviews with families and 6 with nurses.

According to Belintxon, the experts agree that migration “is very stressful in a person’s life” and that change “has an impact on their health outcomes in terms of adaptation, stress, other psycho-emotional aspects, and on family well-being”. She emphasized that we must consequently be aware that “a migrant is more likely than a local to develop poor health outcomes.”

The expert focused on analyzing primary care, which is usually a person’s first contact with the health system. She started by asking whether or not primary care facilities have the training to serve families from other cultures: Do they offer quality service? Do they integrate other cultural elements? What communication barriers are there? Do they promote their patient’s relationship with the community? According to Belintxon, nurses do recognize the added challenge that caring for families from other cultures presents.

“They feel frustrated in doing so because the situation surpasses their training. This undoubtedly affects the care they offer.”

The main concern, she noted, is that health centers do not provide resources to their professionals, which might include translators to overcome language barriers and cultural mediators. On the other hand, she added that registries are appropriate for local patients with defined characteristics, but not for people from other places. And, thirdly, she commented that, “messages are not individualized; they are generalized to people of the same cultural group who are treated according to stereotypes and prejudices.”

Carolina Montoro and Maider Belintxon during the Roundtable on Migration and Health
Carolina Montoro and Maider Belintxon during the Roundtable on Migration and Health

“We do not know what impact this will have, but it may prevent healthy lifestyles, which will have a cost for health systems,” Maider Belintxon noted.

With this in mind, the expert proposes training health professionals, adapting resources and programs to include diversity, offering care centered on the person, and building a health system on an integrative model that promotes health care at all levels.

Does life after migration affect health?

For her part, Carolina Montoro presented a study on the social determinants of health outcomes in Moroccan immigrants in Spain. This case study, which is broken down by gender, is a part of the Moroccan Migration Project, to which the University of Princeton and the Red Cross also belong.

The research was based on participants’ self-assessment of their health and its evolution starting from the moment of migration, an indicator widely used in health studies. A gender analysis was carried out because, according to Professor Montoro, the Moroccan population presents very different social profiles that include men and women’s roles in life, their roles in the home, and their access to education…

The study examines the weight that certain factors have on their health, such as the total time they have spent in Spain, their work situation, their level of education, housing, social relations with other Moroccans and Spaniards, whether or not they have children, among other aspects.

“Women who earn money are 4.5 times more likely to be in good health than those who do not.”

The study revealed that the main factor that boosts health outcomes for women is work autonomy, including having their own income and some degree of independence. In that sense, Montoro stressed that actions aimed at promoting employment for Moroccan women could lead to greater levels of social integration and lower costs for the health system.

With regard to men, the first significant variable is housing: the older- and, therefore, cheaper- their home, the better their health outcomes because it represents a lower cost burden. Social relationships with their countrymen came second, distantly followed by a relatively high level of education.

Carolina Montoro noted that these results show that, “approaching something relational like a person’s life requires coordination between every regional institution, including health, employment, education… Said coordination does not stop at the regional level and must also be conducted between countries.

She also called for rethinking the idea of integration in Western countries, stating, “Models such as the French one have failed because integration cannot be understood as assimilation; a country cannot unilaterally decide what it means to belong to it. In order for integration to work, both sides must be open.”

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