¿Es fiel la representación de los refugiados en los medios? Un trabajo sobre el terreno en Pakistán

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2.430 kilómetros de frontera separan Pakistán y Afganistán también conocida como la línea Durand, una de las más grandes y transitadas del mundo. En los momentos más críticos de Afganistán, han llegado a cruzarla más de 6 millones de refugiados, huyendo de las guerras y del terrorismo. En la actualidad más de 2,5 millones viven en campos de refugiados pakistaníes, la mayoría “de forma extraoficial”, asegura Saqlain Hassan, doctorando del proyecto ‘Discurso público’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra.

Hassan es pakistaní, de la región de la etnia Pastún, y, en su tesis analiza cómo los medios de comunicación de Pakistán, Irán, India y Reino Unido representan a los refugiados afganos. Para ello, tiene previsto analizar un corpus de medios británicos, llamado SiBol, y ha creado su propio corpus de medios de Oriente Medio.

“Consideramos a los afganos como hermanos, pero los medios los representan como criminales”

Durante los meses de abril y mayo de 2018 viajó a su país de origen para entrevistar a refugiados de campos oficiales y extraoficiales, periodistas, fuerzas del orden y locales de las regiones Pastún -donde se encuentran la mayoría de los refugiados- y Punjab -la región de la etnia mayoritaria del país-.

De sus múltiples entrevistas y más de 50 cuestionarios repartidos se desprende una reveladora conclusión: “Las personas que hemos tenido trato con los afganos les consideramos como hermanos, pero los medios los representan como criminales”. Según explica, los locales pastunes conviven con los refugiados “les conocen y tienen una visión positiva”. Además, esta etnia comparte con los afganos la misma lengua y culturas similares.

Los refugiados afganos eran malos porque “lo habían leído en Facebook”

Por otro lado, asegura que los periódicos de las regiones de Punjab y Sindh representan a los refugiados como “una amenaza que sabotea la paz del país extendiendo el terrorismo”. Según Hassan, esto se debe a que los medios “están en manos de instituciones internas con gran poder que propagan una mala imagen de los refugiados sin ni siquiera conocerlos”. Sin embargo, los medios pastunes (de menor importancia y alcance) “no dan una imagen negativa porque conocen la verdad de los hechos”.

El doctorando considera de gran importancia la labor de los medios de comunicación, ya que cree que “el lenguaje utilizado en prensa puede cambiar el comportamiento de la gente”. Así, piensa que tienen el poder de cambiar la forma de pensar de los ciudadanos para bien o para mal. Un ejemplo son las entrevistas que realizó a jóvenes de Punjab. Estos adolescentes “no conocían a ningún refugiados ni a ningún afgano en general”, cuenta, pero pensaban que los refugiados afganos eran malos porque “lo habían leído en Facebook, en los periódicos o lo habían visto en la televisión”.

Hassan junto a un grupo de refugiados afganos durante una visita el campo de refugaidos de Timer (Timergara). CEDIDA

Además, en el caso de Pakistán, entran en juego otros factores. Existen instituciones con gran poder en el país que, para el doctorando,  podrían ejercen su influencia sobre los medios: “Al entrevistar a periodistas, fueron bastante reticentes y daba la impresión de que tenían miedo de hablar”

Saqlain advierte de que esta representación de los medios puede ser peligrosa, ya que una visión negativa de una minoría puede desembocar en el odio y el caos.

Sin salida entre dos países

En los campos se pueden encontrar refugiados de segunda y tercera generación. Son hijos de inmigrantes y nacidos en Pakistán, aunque esto no les proporciona la nacionalidad paquistaní ni les ofrece ningún estatus más allá de refugiados afganos.

Según explica el doctorando del ICS, ni el gobierno de Afganistán ni el de Pakistán les ofrece ayudas ni facilidades. A esto se suman las últimas políticas pakistaníes, que deniegan la renovación de los visados de ‘refugiado’ para presionar a que los afganos vuelvan a su tierra.

Un niño refugiado juega junto a las tiendas en las que vive en el campo de Batkhela (Akhter Ghwandai). AUTOR SAQLAIN HASSAN

Esta situación ha provocado que haya muchos refugiados sin tarjetas de identificación y campos no registrados por el Gobierno. “Para él están cerrados, por lo que no se les ofrece ninguna ayuda”, lamenta.

“No tiene oportunidades ni futuro en ninguno de los dos países”

Este status ‘alegal’ empeora la situación: no pueden acceder a ningún servicio público ni trabajar a un centro público. Así, hay escuelas y centros de salud en los campos, pero nadie para trabajar en ellos. “Si van a un hospital, les atenderán, pero les tratarán mal –asegura–. Muchos de ellos tienen estudios, algunos son doctores, pero se ven obligados a trabajar como conductores o vendiendo artesanía en los mercados”.

Según afirma, los refugiados de primera generación (aquellos que huyeron de Afganistán en los años 80 de la guerra afgano-soviética) desean volver a su país. Sin embargo, los de segunda y tercera generación, no: tienen sus amigos, sus negocios, su vida en Pakistán.

A pesar de la delicada situación en la que viven, la perspectiva de regresar a su tierra de origen no es muy alentadora. “No tiene oportunidades ni futuro en ninguno de los dos países”, critica. Se debaten en la disyuntiva de elegir entre un país que solo ofrece ultimátums de salida y otro sumido en la guerra y las revueltas terroristas.

Autora: Natalia Rouzaut


¿Quieres conocer proyectos del ICS relacionados con el tema?


 

Are refugees faithfully portrayed in the media? Fieldwork from Pakistan

Pakistan and Afghanistan are separated by a 2,430-kilometer border, which is also known as the Durand line, one of the largest and busiest borders in the world. During Afghanistan’s most critical moments, more than 6 million refugees have crossed it, fleeing from wars and terrorism. Currently, more than 2.5 million people live in Pakistani refugee camps, most of them “unofficially,” Saqlain Hassan notes. He is a doctoral student within the Public Discourse project of the Institute for Culture and Society (ICS) at the University of Navarra.

Hassan is Pakistani, from the Pashtun region, and, in his thesis, he analyzes how the media in Pakistan, Iran, India and the United Kingdom represent Afghan refugees. For this, he will make us of a British media corpus, called SiBol, which has created its own Middle Eastern media corpus.

“Afghans refugees are our brothers, but the media represents them as criminals”

During April and May of this year 2018, he traveled to his home country to interview refugees from official and unofficial camps, journalists, security agencies and locals from the Pashtun regions- where the majority of refugees are located- and from Punjab- the region in which the majority Pakistani ethnic group lives.

His multiple interviews and more than 50 questionnaires reveal an informative conclusion: “People who have dealt personally with Afghans consider them brothers, but the media represents them as criminals.” As he explains, local Pashtuns live with the refugees— “they get to know them and have a positive view of them.” In addition, this ethnic group shares the same language and a similar culture with Afghans.

“They thought that Afghani refugees were bad because they had read so on Facebook”

On the other hand, he relays that the Punjab and Sindh newspapers portray refugees as “a threat that sabotages the peace of the country, further spreading terrorism.” According to Hassan, this is because media “are in the hands of internal institutions with great power that propagate a poor image of refugees without even knowing them.” However, the Pashtun media (of less importance and scope) “do not portray a negative image because they know the truth on the ground.”

Hassan with a group of Afghani refugges during a visit to Timer camp (Timergara). Courtesy photo

The doctoral student considers media’s work to be of great importance since he believes that “the language used in the press can change people’s behavior.” Thus, he believes that they have the power to change the way citizens think, for better or for worse. For example, the interviews he conducted with young people in Punjab, who “did not know any refugees or any Afghanis in general,” revealed that they thought that Afghani refugees were bad because “they had read so on Facebook, in the newspapers or had seen this view portrayed on television.”

In addition, in the case of Pakistan, other factors come into play. There are institutions with great power in the country that, according to the doctoral student, exert their influence on the media: “When interviewing journalists, they were quite reluctant and gave the impression that they were afraid to speak.”

Hassan warns that this situation can be dangerous, since a negative view of a minority group can lead to hatred and chaos.

No way out between two countries

Second and third generation refugees now live in the camps. They are children of immigrants and born in Pakistan, although this does not give them Pakistani nationality or afford them any status beyond Afghani refugees.

According to the ICS PhD student, neither the government of Afghanistan nor the government of Pakistan offers them aid or services. In addition to this, the latest Pakistani policies have started denying “refugee” visa renewals to pressure Afghans to return to their land.

A refugee kid runs arround the tent where he lives at the Batkhela refugge camp (Akhter Ghwandai). AUTOR SAQLAIN HASSAN

This situation has resulted in many refugees without ID cards and camps that are not registered by the government, “which considers them closed and therefore does not offer them any services,” he laments.

This “a-legal” status makes the situation worse: refugees cannot access public services or work in a public center. Thus, there are schools and health centers in the camps, but nobody to work in them. “If they go to a hospital, they will get service, but they will be treated poorly,” Hassan notes and continues, “Many of them have degrees, some are even doctors, but they are forced to work as drivers or selling crafts in the markets.”

“They have no opportunities or future in either of the two countries”

According to him, first-generation refugees (those who fled Afghanistan in the 1980s during the Afghan-Soviet war) wish to return to their country. However, the second and third generations do not because they have their friends, their businesses, and their lives in Pakistan.

Despite the delicate situation in which they live, the prospect of returning to their homeland is not very promising. “They have no opportunities or future in either of the two countries,” he denounces. They are stuck in a crux between a country that issues them ultimatums to leave and another country involved in war and terrorist revolts.

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